Cada 2 de junio, Colombia rinde homenaje a las manos que siembran y cosechan, que construyen país desde el territorio, que no se rinden a pesar del abandono, el desarraigo y la violencia. Hoy, desde la Dirección Territorial Magdalena, queremos abrazar y visibilizar a los hombres y mujeres del campo que han sido víctimas del conflicto armado y que, con profunda valentía, caminan hoy un proceso de reparación colectiva.

Son 19 comunidades campesinas las que han sido reconocidas como sujetos de reparación colectiva en el departamento del Magdalena. Nombres como Bejuco Prieto, Canaan, Bellavista, Santa Rita o Las Piedras no solo remiten a corregimientos y veredas: son territorios donde la esperanza germina, donde la memoria se cuida y donde la dignidad se defiende con fuerza comunitaria.

Estas comunidades han sufrido pérdidas irreparables: desplazamientos, desarraigos, amenazas, silencios forzados. Pero también han resistido sembrando alimento, organización, educación y fe en el futuro. Hoy, con el respaldo de la Unidad para las Víctimas, caminan hacia la reconstrucción del tejido social, el fortalecimiento de sus formas de vida campesina y la reivindicación de sus derechos.

La reparación colectiva no es una promesa vacía: es el reconocimiento del daño, el diálogo para reconstruir confianza, y la implementación de acciones concretas que transformen la vida de estas comunidades, desde sus propias voces y necesidades.

Desde el 2023, con el Acto Legislativo 01, el campesinado colombiano es reconocido como sujeto de especial protección constitucional. Este marco legal nos recuerda que el Estado tiene el deber de garantizar el acceso a tierra, vivienda, educación rural, salud, vías, agua, participación y condiciones dignas para que el campo viva y florezca.

Porque donde hay un campesino o una campesina, hay un país que resiste. Porque la tierra sin campesinado no tiene quien la defienda.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *