Por Emilio Gutierrez Yance

Bajo el cielo radiante de Cartagena, las mujeres del Departamento de Policía Bolívar vivieron una jornada de reconocimiento, emociones y fraternidad a bordo del Barco Volar.

Cartagena amaneció con el sol encendido y el mar convertido en un inmenso espejo de luz. La brisa caribeña acariciaba las aguas de la bahía, mientras el horizonte dibujaba una postal inolvidable. Era uno de esos días en los que el cielo parece ponerse de acuerdo con la felicidad para regalar momentos que permanecen en la memoria.

En medio de aquel paisaje, 103 mujeres del Departamento de Policía Bolívar cambiaron por unas horas el ritmo de sus responsabilidades para convertirse en protagonistas de una celebración. A bordo del Barco Volar Cartagena, encontraron un escenario donde las sonrisas, el compañerismo y la gratitud navegaron juntos.

El imponente sol cartagenero acompañó la travesía. Entre el azul del Caribe y las panorámicas de la ciudad, aquellas mujeres, acostumbradas a enfrentar dificultades y proteger vidas, disfrutaron de una mañana dedicada exclusivamente a ellas. Porque detrás de cada uniforme también existe una madre, una hija, una esposa y, sobre todo, un ser humano con ilusiones y sentimientos.

La jornada fue liderada por la coronel Nelva Gómez Sánchez, comandante encargada del Departamento de Policía Bolívar, y organizada por el Grupo de Talento Humano, a través del componente de Bienestar Social y Familia. El propósito era rendir un homenaje a quienes, con disciplina, valentía y sensibilidad, contribuyen diariamente a la seguridad de los bolivarenses.

La experiencia comenzó con un desayuno de integración mientras la embarcación recorría las bahías cartageneras. Allí, lejos de las exigencias habituales del servicio, hubo espacio para compartir, conversar y fortalecer esos vínculos que hacen de la institución una familia. El océano fue testigo silencioso de una celebración que trascendió los reconocimientos.

Pero aquel encuentro también dejó enseñanzas. Las participantes recibieron orientaciones sobre educación financiera y hábitos de vida saludable, herramientas fundamentales para construir estabilidad y equilibrio. La Patrulla Púrpura, por su parte, desarrolló una conferencia sobre amor propio, autoestima y empoderamiento femenino, recordándoles la importancia de cuidarse y reconocer su propio valor.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa expresó alguna vez: «La literatura nos ayuda a ser tolerantes y comprensivos». Y esa reflexión encontró sentido en la embarcación: comprender a una compañera es reconocer las luchas que muchas veces libra en silencio, sus sacrificios familiares, las ausencias inevitables y la fortaleza necesaria para servir sin dejar de soñar.

Uno de los momentos más emocionantes llegó con la rifa de ocho cupos para disfrutar de un paseo panorámico en helicóptero sobre Cartagena, cortesía del Barco Volar. La oportunidad de contemplar desde las alturas la ciudad amurallada despertó entusiasmo entre las asistentes, convirtiéndose en otro recuerdo especial de aquella conmemoración.

La actividad continuó con la entrega de refrigerios y un termo conmemorativo para cada participante, un detalle simbólico de agradecimiento por su entrega profesional. Más allá de los obsequios, el verdadero reconocimiento estuvo en dedicarles tiempo, escucharlas y recordarles que su bienestar también constituye una prioridad institucional.

Y mientras el sol seguía iluminando las aguas del Caribe, quedó una certeza: las mujeres policías no solamente llevan un uniforme; también cargan historias de sacrificio, sueños que esperan cumplirse y un corazón dispuesto a servir. Aquella mañana Cartagena les regaló su mar, su brisa y su cielo luminoso. Ellas, a cambio, dejaron una lección de fortaleza: hay mujeres que no necesitan alas para volar, porque aprendieron a elevarse por encima de las dificultades.

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