La salida de Sebastián Restrepo de la Comisión Arbitral Nacional vuelve a poner sobre la mesa las profundas dificultades que atraviesa el arbitraje colombiano.
Restrepo deja el cargo en medio de cuestionamientos relacionados con la autonomía de la Comisión y con presuntas interferencias en las decisiones y nombramientos arbitrales.
En este contexto, queda una pregunta de fondo: ¿qué autonomía real tiene quien llegue a dirigir la Comisión Arbitral Nacional?
Si las decisiones de una comisión que debería actuar con independencia pueden ser modificadas o condicionadas desde otras instancias, el mensaje que se transmite al fútbol colombiano es preocupante.
Quien acepte asumir esa responsabilidad debe saber claramente cuáles son las condiciones que encontrará y, sobre todo, si tendrá la verdadera autonomía para ejercer el cargo.
Porque si un funcionario solamente puede permanecer en el puesto cuando acepta presiones, imposiciones o injerencias, estaríamos frente a un problema mucho más profundo que el simple cambio de una persona.
El arbitraje colombiano necesita independencia, transparencia, autoridad y respeto por las decisiones de quienes tienen la responsabilidad de dirigirlo.
La salida de Sebastián Restrepo no debería verse únicamente como otro relevo. Debería servir para preguntarnos qué está ocurriendo realmente al interior de la Comisión Arbitral Nacional y hacia dónde se está llevando el arbitraje de nuestro país.
El arbitraje colombiano atraviesa uno de sus momentos más difíciles y oscuros. Y este nuevo episodio vuelve a poner el debate sobre la mesa.
