Por Raúl Ospino Rangel

En el segundo semestre del año 1991, arribó la alegría del fútbol al «corralito de piedra» de la mano o mejor, en los pies de un puñado de jugadores que conformaban el equipo Unión Magdalena, que ante las paupérrimas taquillas que se recogían en el estadio Eduardo Santos de Santa Marta, motivados por el abandono de sus hinchas decidieron pedir «asilo» en diferentes ciudades del país, enhorabuena recibieron el espaldarazo de la administración de Nicolás Curi, alcalde mayor de Cartagena, para esas calendas y de un grupo de empresarios cartageneros que vieron en el desamparo del equipo samario la oportunidad propicia para traer un espectáculo diferente y novedoso para la ciudad heroica que en esos tiempos vivía la efervescencia del béisbol y del boxeo, deportes que mandaban la parada en el gusto de los aficionados locales.

El primer partido disputado en Cartagena por parte del equipo samario estuvo precedido de mucha expectativa, el rival, el encopetado Millonarios de la capital de la Republica, equipo de los caros afectos de los cartageneros ya que en sus filas habían militado en años anteriores Jaime Morón León, máximo estandarte del fútbol bolivarense y Adolfo Téllez, un defensa de Magangué que salió de una escuela que Millonarios instaló en la ciudad de Cartagena en los años Ochenta.

Eduardo Dávila Armenta, los directivos del equipo y las autoridades distritales habían tenido en los días previos a la llegada del equipo a Cartagena un verdadero «cabezazo» que contribuyó a crear mayor sentido de pertenencia por el equipo. Decidieron «rebautizar» el club con el particular nombre de «Unión Lotería La Cartagenera» ya que sería patrocinado en su mayor parte por una lotería creada por el Congreso de La Republica mediante la Ley 89 de 1989 especial para el Distrito Turístico y Cultural de Cartagena de Indias, que era una especie de Sorteo Extraordinario que jugaba dos veces en el año y cuyo producido debía utilizarse para la Salud y el saneamiento de la ciudad.

Esa lotería se proyectó por un periodo de diez años pero desapareció prontamente y muchos de los dineros recaudados tomaron otros rumbos como suele ocurrir con muchas de las cosas en la Costa.

El nombre le gustó a la afición que a partir del bautizo decidió abreviar el nombre quedando en consecuencia el equipo con el apelativo de «UNION LA CARTAGENERA» mote con el cual sería llamado durante toda su permanencia en Cartagena.

El equipo arribó un 6 de agosto y fue recibido en la entrada del hotel por múltiple fanáticos que coreaban el nombre del visitante a todo pulmón haciéndolo sentir en su casa.

El retorno del balompié al estadio Pedro de Heredia, se dio en el marco del llamado torneo finalización y ocurrió un miércoles 7 de agosto de 1991 a las 2:30 de la tarde, media hora antes de que se disputara el resto de la fecha del fútbol profesional colombiano. La razón, en el estadio no existía alumbrado artificial y se hacía necesario iniciar a esa hora para que el juego terminara en un horario en el cual hubiese «luz natural» y pudiera verse rodar el balón.

Al finiquitar el año de 1991, el equipo regresó a la ciudad de Santa Mata, los resultados no fueron los esperados.

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