Creo que la disciplina se puede entrenar, aprender y mejorar con la práctica constante. Por ello estoy seguro de que todo aquel que quiera transformar una intención o un plan en acciones concretas tiene que esforzarse por ser disciplinado.

Por:Alberto Linero Gómez

Acabo de terminar de escribir la siguiente edición del oracional El Man está Vivo, y doy gracias a los que me enseñaron a ser disciplinado, a esos que me enseñaron que podía diferir el placer. Creo que fue uno de los aprendizajes más importantes que me dieron en la vida.

Me gusta entender la disciplina como esa habilidad de actuar de forma ordenada, constante y con autocontrol para cumplir las normas, las metas y las responsabilidades que he asumido. La comencé a desarrollar primero en casa, donde había reglas claras que no podía evadir. Arreglaba la cama, recogía mis zapatos, llevaba el plato en el que había comido de la mesa a la cocina. Fui consentido. Me pechicharon, pero también me exigieron cumplir normas. No había discusión: tenía que hacerlo y punto.

No puedo decir que lo hacía feliz y contento. Muchas veces lo hacía no porque estuviera convencido de la importancia de esa acción, sino porque el problema que se me armaba con mis padres era muy grande. Mi papá no tenía miedo de sancionarme y de hacerme ver las consecuencias de mi pereza o mi desatención. Una de las personas que me ha tratado con más ternura, mi madre, era implacable cuando se trataba de que cumpliera las normas.

La formación en el Seminario fue fundamental para seguir desarrollando esa habilidad. Allí los formadores no imponían únicamente una norma, sino que explicaban su sentido. Eso nos ayudaba a comprometernos, sabiendo que detrás de ese esfuerzo había algo que valía la pena. Cuánto agradezco a los eudistas que me formaron haberme enseñado a poner todos mis recursos en función de la meta que quería alcanzar.

No me gusta idealizar el ayer, pero creo que hoy, por miedo a la coacción o la represión, tenemos discursos que de alguna manera desprecian la disciplina. Y tengo la certeza de que con eso le hacemos un gran daño a los pequeños que se están formando porque sin disciplina no se puede ser exitoso.

Creo que la disciplina se puede entrenar, aprender y mejorar con la práctica constante. Por ello estoy seguro de que todo aquel que quiera transformar una intención o un plan en acciones concretas tiene que esforzarse por ser disciplinado. Sin una forma ordenada, constante y autocontrolada de actuar se malgastan los recursos.

Un error es creer que los disciplinados somos aburridos. En mi caso siempre opto por el placer. Pero lo hago desde los compromisos, los valores y el propósito que tengo en la vida. Sin disciplina la diversión sería efímera y hasta autodestructiva. Pongo el último punto del oracional de noviembre de 2026 y vuelvo a dar gracias por la bendición de ser disciplinado.

@Plinero

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