El salmista recomienda no vivir pendiente del éxito ajeno. El autor es claro en decir que la prosperidad del injusto es frágil. Lo que nos enseña esta reflexión didáctica es que lo importante no es explicar intelectualmente el mal, sino enseñar cómo debe vivir el justo cuando ve prosperar al injusto.

Por:Alberto Linero Gómez

¿Por qué a la gente mala le va bien? me pregunta, con una actitud seria, una señora que encuentro camino a la cancha de pádel. Voy contra el tiempo y no puedo quedarme a conversar con ella, por eso la invito a leer el salmo 37.

Juego tres sets y al volver fatigado a casa, tomo una de las Biblias de mi biblioteca colecciono distintas traducciones de la Biblia para volver a leer el salmo y tratar de meditarlo. La mayoría de los autores considera que este salmo es más una reflexión sapiencial que una oración. Habla un maestro que observa la vida y aconseja al discípulo. Por eso los imperativos: «no te irrites», «confía», «haz el bien», «descansa en el Señor», «espera». Se trata de enseñarle a los lectores una actitud ante la existencia.

Si miramos con atención, nos damos cuenta de que el problema de fondo es el éxito del malvado. El justo contempla que personas injustas prosperan y eso provoca indignación. El peligro está en permitir que esa experiencia modifique su propia conducta. El salmista recomienda no vivir pendiente del éxito ajeno. El autor es claro en decir que la prosperidad del injusto es frágil. Lo que nos enseña esta reflexión didáctica es que lo importante no es explicar intelectualmente el mal, sino enseñar cómo debe vivir el justo cuando ve prosperar al injusto.

«Confía en el Señor y haz el bien» creo que es la expresión que mejor resume la enseñanza del salmo. Confiar en Dios no significa quedarse esperando. El justo continúa haciendo el bien, conserva su conducta y sigue trabajando. La confianza bíblica se expresa en una manera concreta de vivir.

«Los humildes poseerán la tierra» es una afirmación decisiva. La expresión hebrea ‘anawim’ remite a los humildes,- pobres o desposeídos que ponen su confianza en Dios.

El salmista habla desde la experiencia de los años: «Fui joven, ya soy viejo…». Por lo tanto, no está construyendo una teoría. Está ofreciendo una conclusión nacida de su experiencia. Esto explica las continuas comparaciones entre el justo y el malvado: el maestro mira hacia atrás y trata de mostrar qué forma de vida termina teniendo consistencia.

La intención del salmista es impedir que la injusticia de los demás termine dañando también al justo. El autor sabe que contemplar continuamente al malvado puede producir rabia, envidia y deseos de actuar como él. Por eso insiste en la confianza, la paciencia y la perseverancia en el bien. El problema ya no sería únicamente que exista gente injusta; sería permitir que su manera de vivir termine determinando la nuestra.

Termino de leer el salmo y susurro: Señor, mi confianza está puesta en ti.

@Plinero

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *