Creo que aprender a desprendernos de algunas cosas puede facilitar nuestra organización cotidiana y nos hace enfrentar el futuro con mayor seguridad, porque creer que ya tenemos algo que nos va a ayudar a solucionar los problemas del mañana nos hace generar confianzas irracionales.
Por:Alberto Linero Gómez
Entro de nuevo al cuarto de mis chécheres. Es como viajar a mi pasado. No tiene el orden que siempre he querido para mis espacios, pero cada objeto que hay allí contiene mensajes y tiene una razón para habitar ese lugar.
Hay cuadernos de cuando fui alumno, viejos aparatos que usé en mi trabajo de comunicador, lapiceros que ya no escriben pero que tienen buenos recuerdos, notas escritas a mano en papeles extraños, algunas camisetas que son testigos de la metamorfosis física que he sufrido y otras cosas que ya no uso, pero que no he tenido el valor de dejar.
Una notificación que salta en el celular me hace bajar de la nube de la nostalgia y entonces me pregunto ¿Es necesario seguir guardando todo esto? ¿Puedo deshacerme de algunas de estas cosas? Y pienso en tres posibles criterios de discernimiento para saber qué mantengo y de qué definitivamente debo desprenderme.
Lo primero es saber que podemos quedarnos con algunos objetos porque forman parte de eso que el psicólogo Russell Belk llamó el concepto del “yo extendido” (extended self), con el cual explicaba cómo incorporamos determinadas posesiones a nuestra identidad personal. Es obvio que de ellos no podemos deshacernos.
Lo segundo es la utilidad. Para ello toca preguntarnos cuándo utilizamos un objeto por última vez, qué posibilidades concretas y reales tenemos de necesitarlo y cuánto espacio estamos destinando a conservarlo.
Es probable que todos los cambios de la vida hayan dejado totalmente obsoletas esas cosas; por ejemplo, miro una camiseta que realmente no creo que me la vuelva a poner nunca más. No tiene sentido que siga allí.
Creo que aprender a desprendernos de algunas cosas puede facilitar nuestra organización cotidiana y nos hace enfrentar el futuro con mayor seguridad, porque creer que ya tenemos algo que nos va a ayudar a solucionar los problemas del mañana nos hace generar confianzas irracionales.
Y lo tercero es saber que liberarnos de algunos objetos no niega nuestra historia, ni causa daño a los seres que amamos. Por eso podemos hacerlo sin culpa ni vergüenza. Además puede ayudar a otros en sus propias búsquedas existenciales, querer ser solidarios es un buen criterio de selección.
Es que organizar nuestras pertenencias puede contribuir a crear espacios más cómodos y funcionales. Cada persona puede encontrar un equilibrio entre conservar lo que considera valioso y disponer de un ambiente que favorezca su bienestar.
Suena el celular insistentemente y tengo que salir del cuarto de los chécheres sin tener claro de cuáles me voy a desprender, pero con unos criterios claros para hacerlo.
@Plinero
