Por Gerardo Joleanis Bello
Aunque admitió no saber dónde estaba Montería exactamente en el mapa, monseñor Rubén Darío Jaramillo aceptó sin dudar la encomienda cuando el papa León XIV le preguntó si deseaba mudarse a esta ciudad.
Ayer, durante un acto formal en la Catedral San Jerónimo, fue presentado formalmente como el flamante obispo de la Diócesis de Montería, con varios obispos del país, autoridades civiles y muchísimos fieles llenando el recinto para darle la bienvenida.
La acogida fue enorme y afectuosa. Desde el momento en que llegó, se notaba la ilusión por este nuevo guía de la Iglesia católica en Montería. Con un discurso cargado de ilusión y fe, el obispo habló sobre la labor que emprende al llegar a esta parte del Caribe colombiano.
«Llegamos con toda la disposición para ayudar», expresó al arrancar su discurso, dejando patente que su propósito será acompañar a la gente, escuchar sus vidas y ofrecer consuelo espiritual a las congregaciones en sus tiempos felices y en sus dificultades.
Aseguró que su tarea se basará en el servicio, en estar cerca y en respaldar a los más necesitados, subrayando que la Iglesia debe ser un lazo de paz, fe y unión para toda la gente de Córdoba. El nuevo obispo además valoró la labor de monseñor Ramón Alberto Rolón Güepsa, quien estuvo al frente de la diócesis durante un buen tiempo.
