Por César Claros, Pereira

Eso del rating parece ser una obviedad, ya que el cubrimiento de algunos periodistas colombianos en el Campeonato Mundial de Fútbol (sobre todo en Win) parece haber cambiado de prioridad. En muchos casos, el protagonista ya no es el torneo ni sus historias, sino el propio comunicador.

Los blogs, las selfies, los recorridos mostrando estadios y ciudades, o las transmisiones donde el periodista ocupa más tiempo en pantalla que los protagonistas del evento, terminan desplazando el verdadero ejercicio periodístico. Informar ha cedido terreno frente a la necesidad de generar contenido que acumule reproducciones e interacciones en redes sociales.

La situación resulta aún más llamativa cuando, en escenarios diseñados para obtener información de valor, se desaprovechan las oportunidades. En las ruedas de prensa abundan las intervenciones pensadas solo en salir en cámara para que vean que “yo” pregunté, mientras que en las zonas mixtas algunos periodistas prefieren entregar bombones o dulces a los futbolistas, mostrar sus medias rotas como una supuesta cábala y convertir esos espacios en una anécdota para redes. Y es entendible que para muchos se esté cumpliendo un sueño laboral, pero ¿todos al tiempo?

Parece una competencia para ver quién muestra más de su vida. Incluso hay quienes utilizan las zonas de prensa o el césped como escenario para sesiones fotográficas. Todo esto puede ser entretenido para una audiencia digital, pero difícilmente reemplaza el valor de una buena pregunta, un contexto bien elaborado o una entrevista que aporte información.

Lo preocupante es que, al final del campeonato, quedan muy pocos trabajos periodísticos que realmente enriquezcan la conversación sobre el fútbol.

Escasean las entrevistas mano a mano, los análisis profundos, las historias inéditas o los conceptos de entrenadores, dirigentes y jugadores que ayuden a comprender mejor lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

El Mundial ofrece una oportunidad única para ejercer periodismo de alto nivel, pero parte de esa oportunidad parece diluirse cuando el objetivo principal deja de ser informar para convertirse, simplemente, en producir contenido donde el periodista es la figura central.

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