Muchas veces los filtros de Instagram esconden inseguridades y miedos que ningún filtro puede borrar. Respeto a quien hace de la estética una de sus fortalezas, pero no creo que todos estemos obligados a ella. Lo importante para la convivencia es estar limpios y ser buenos seres humanos.
Por:Alberto Linero Gómez
Estamos almorzando en ese sector de Kansas llamado la Pequeña Sevilla. La conversación va desde lo más sencillo y superficial hasta lo más profundo y decisivo de nuestra relación. En un momento me toma una foto y le pregunto cómo me vería sin barba ni el cabello largo. Alcy me dice que la IA lo puede hacer. En unos segundos aparece la foto. Unos minutos más tarde dice asombrada: —Ese no eres tú, esa es otra persona. Y me muestra la foto en la cual aparezco con una apariencia en la que no me reconozco. Desde enero de 1990 no me rasuro completamente la barba y desde 2020 no me corto el cabello. Nos reímos y decido poner la foto en mi Instagram, con la aclaración de que es fruto de la IA.
Sin darme cuenta, la publicación tomó vida propia. Hoy suma siete millones de vistas, miles de comentarios en mis redes y mi WhatsApp no ha dejado de sonar. Al principio me reí. Después comprendí que aquella fotografía estaba poniendo sobre la mesa una pregunta mucho más profunda.
Me siento feliz con mi apariencia. Me gusta cómo me veo. La verdad es que nunca he tenido un conflicto con la estética. Creo en la autenticidad, en la esencia que se expresa en nuestra manera de vivir. Me resbalan los comentarios de que me veo viejo, cansado, con mucho pelo o tal o cual. Y procuro no hacer comentarios sobre la apariencia física de los demás. No solo porque es una intromisión, sino porque muchas veces esos juicios hablan más de quien los hace que de quien los recibe. Lo verdaderamente importante es estar sano y tener la energía suficiente para vivir de acuerdo con los valores que le dan sentido a nuestra existencia.
Es impresionante cómo nos gusta decirles a los otros cómo deben vestirse, caminar, hablar y estar en el mundo. Nos erigimos jueces de los demás, como si tuviéramos autoridad para decidir cuál es la mejor manera de vivir. Muchas veces esos comentarios nacen de la costumbre, otras de la necesidad de agradar y, en no pocas ocasiones, terminan hiriendo a quien los recibe, aunque no haya sido esa la intención.
De nada sirve la belleza física si se está podrido por dentro. Muchas veces los filtros de Instagram esconden inseguridades y miedos que ningún filtro puede borrar. Respeto a quien hace de la estética una de sus fortalezas, pero no creo que todos estemos obligados a ella. Lo importante para la convivencia es estar limpios y ser buenos seres humanos.
En estos días me he reído con Alcy de todos los comentarios. Agradezco los piropos e ignoro los juicios sobre mi apariencia. Lo más importante para mí es que estoy sano, soy feliz y sigo siendo yo. Y eso me basta.
@Plinero
