Todos quisiéramos conservar la intensidad de la pasión sin renunciar a la seguridad de la vida que hemos construido. Pero la novela, como la vida, nos recuerda que hay decisiones que no admiten atajos y que el amor, cuando es auténtico, siempre tiene un precio.

Por:Alberto Linero Gómez

Agarro el libro con la avidez de siempre. Quiero devorarlo. Seguro ahí hay una historia que me quiere atrapar. Y así lo hace desde la primera página. El libro se llama El olor del fin del mundo, de mi amiga Vanessa De La Torre. Me encuentro con un relato erótico, pero, ante todo, una novela sobre el amor y el deseo de vivirlo hasta sus últimas consecuencias.

Carmen y Antonio podrían ser cualquiera de los enamorados que descubren que amar de verdad implica decidir. Todos quisiéramos conservar la intensidad de la pasión sin renunciar a la seguridad de la vida que hemos construido. Pero la novela, como la vida, nos recuerda que hay decisiones que no admiten atajos y que el amor, cuando es auténtico, siempre tiene un precio.

Ante eso solo quedan dos caminos: pagar el precio del amor o aferrarse a la seguridad de lo que ya se tiene.

A lo largo de la intensa lectura pensaba en las tesis de la psicoterapeuta Esther Perel. Ella sostiene que el amor vive una tensión permanente. Por un lado, anhelamos seguridad, estabilidad y la certeza de saber que el otro estará ahí.

Por otro, necesitamos el deseo, que siempre tiene algo de incierto, de imprevisible y de libre. Mientras la seguridad nos invita a echar raíces, el deseo nos impulsa a explorar. El desafío consiste en mantener vivas ambas dimensiones sin que una termine sofocando a la otra.

Creo que eso es lo que hace que en muchas relaciones de pareja el deseo se apague y la convivencia termine reemplazando la pasión. Es que creo que la comodidad acaba con el deseo, pero nadie quiere vivir sólo de deseo, requiere alguna seguridad.

A lo largo de la lectura pensé en tantas parejas que acompañé en la celebración del matrimonio. Vi desfilar sus conflictos, sus rupturas, sus reconciliaciones y sus nuevos comienzos.

Algunos se perdieron en las metamorfosis del amor; otros dejaron que el deseo muriera lentamente hasta que el amor terminó escapándose por sus grietas. En todos latía la misma búsqueda obstinada de felicidad.

Leyendo El olor del fin del mundo pensaba en la dinámica del matrimonio que propone la Biblia: Dejar, Unirse y Llegar a ser (Génesis 2,24). Ese dejar implica renunciar actitudes para construir un proyecto común. Unirse manifiesta el compromiso diario de cultivar y alimentar esa relación. Y Llegar a ser es el futuro que le da sentido al presente. Como Perel, la Biblia también entiende que amar implica perder seguridades.

Definitivamente para amar se necesita libertad, valentía y constancia. Termino el texto y voy hasta donde Alcy y le doy un beso como los primeros que le di porque la fidelidad también es cuidar el deseo.

@Plinero

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